Cómo elaborar una teoría del caso ganadora

El Mundo del Abogado
26 Agosto 2010
Sección: Posiciones

Por Frank Suriel Osorio Hernández

La audiencia de juicio propiamente dicha es aquella fase dentro del proceso penal en la que el inculpado ya ha sido vinculado a proceso y no se ha podido resolver o concluir el litigio a través de los medios alternativos de solución de conflictos o de procedimientos abreviados. En consecuencia, se ha citado a las partes a la audiencia de juicio en la que se presentarán todas las evidencias anunciadas durante la fase previa, con la única finalidad de persuadir al juez sobre la validez de nuestra teoría del caso. Para lograr el objetivo principal del juicio —persuadir al juez sobre la validez jurídica y real de los argumentos que constituyen nuestra teoría del caso— tenemos cuatro herramientas básicas: 1) argumentos de apertura y de cierre, 2) testimonio en examinación directa y en contraexaminación, 3) ofrecimiento de pruebas físicas o documentales y 4) absolutamente todo lo demás que suceda en el juzgado, incluida la forma de conducirse del abogado, es decir, su comportamiento en general durante la celebración de la audiencia. En este contexto, ¿qué es la teoría del caso? El término se refiere a la adaptación de los hechos que dieron origen al asunto o la investigación con la norma jurídica que rige o regula dicha conducta.1 Es evidente que tal ejercicio tendrá un resultado o una aproximación distintos desde la perspectiva del Ministerio Público y desde el punto de vista de la defensa. Por ejemplo, mientras el Ministerio Publico diseña su teoría del caso tratando de convencer al juez de que ciertos hechos deben ser considerados como “homicidio doloso”, la defensa, partiendo exactamente de los mismos hechos, alegará que la conducta desplegada por su defendido encuadra en uno de los supuestos que originan la inexistencia del delito por haber actuado en “legítima defensa”, de tal suerte que nuestra teoría del caso deberá expresar de manera breve los hechos encuadrados en la norma jurídica que nos lleve a la única conclusión de que nuestro representado tiene la razón y de que es a quien le debe asistir el derecho. Para poder identificar correctamente nuestra teoría, debemos responder a la siguiente pregunta: ¿al término del juicio, que conclusión debe articular el juez, después de analizar los hechos y la evidencia, y de escuchar nuestros argumentos?2 La teoría del caso no es más que la estrategia que ha de adoptar cada parte para afrontar el asunto en litigio. Esta teoría es la que planteamos en nuestra oficina de manera particular o por medio de una lluvia de ideas con nuestros socios. Es la idea que el abogado debe seguir durante el juicio. Es una historia simple y lógica sobre lo que sucedió realmente.3 Una vez que se ha seleccionado la “estrategia”, ésta se va a implementar en el juicio. Dicha estrategia equivale a nuestra teoría del caso, la cual no debe sustituirse ni modificarse durante el juicio, a menos que sea inminentemente necesario, pues el mensaje que recibe el juzgador cuando los abogados sustituyen la teoría del caso durante el juicio es el de que no seleccionaron cuidadosamente su estrategia, con lo cual muestran un desconocimiento del asunto. Por este motivo la preparación de nuestra defensa o de nuestra acusación debe ser lo suficientemente exhaustiva para poder elegir correctamente una estrategia sólida. Para tener más claro este asunto: en un caso de homicidio las pruebas de la fiscalía probarán que, después de una discusión, un sujeto disparó contra la víctima y existen testigos que observaron el hecho. La teoría del caso puede asumir las siguientes posturas en relación con el inculpado: a) El inculpado no fue la persona que disparó (identificación). b) El inculpado disparó, pero lo hizo por repeler una agresión actual e inminente (legítima defensa). c) El inculpado disparó, pero las circunstancias de tiempo modo y lugar constituyen elementos de homicidio preterintencional y no calificado. (atenuante).4 Una teoría del caso exitosa deberá contener los siguientes elementos: 1) Lógica: una teoría ganadora debe estar articulada de tal forma que tenga una fuerza creíble y basada en hechos no controvertidos o en hechos probables que puedan conducirnos a una sola dirección.5 Cada uno de los hechos sobre los que se sustenta la teoría deberán reforzarse unos con otros, pero nunca contradecirse; de hecho, cada uno deberá guiarnos al siguiente, y así sucesivamente, hasta alcanzar de manera inevitable la conclusión deseada; es decir, debe tratarse de una cadena lógica de hechos no controvertidos, que se refuercen unos con otros sin contradicción alguna. 2) Conclusión legal: es claro que el elemento lógico recomendado en el inciso anterior debe conducirnos a una conclusión “legal”.6 La teoría no sólo deberá demostrar que nuestro representado es un buen ser humano, incapaz de cometer determinada conducta, o que fue la víctima de un delito, sino que deberá mostrar con claridad qué norma jurídica le da la razón a nuestra posición en el juicio, de manera que la teoría del caso deberá probar cada uno de los elementos necesarios para justificar una sentencia a nuestro favor o para preservar los elementos indispensables para una eventual apelación. 3) Simpleza: una buena teoría generalmente se basa en hechos primordialmente no disputados, incontrovertidos, y no en pruebas inadmisibles o en hechos altamente impugnados y difíciles de probar.7 4) Credibilidad: a veces incluso teorías “verdaderas” son difíciles de creer porque parecen contradecir la vida cotidiana, o porque para creerlas se requieren opiniones radicales, de manera que es necesario dejar de lado los elementos subjetivos que dependan de cierta prueba de la cual no sabemos con exactitud qué resultado se va a obtener durante el juicio.8 Una teoría sólida y exitosa será capaz de beneficiarse aun de los resultados inesperados de ciertas pruebas de nuestro adversario en el juicio, como consecuencia de que la lógica que fue utilizada para su elaboración permite conducir la mayor parte de la evidencia hacia un sólo fin: la victoria. Tal como se afirmó arriba, es necesario que la teoría del caso que se eligió en un principio se mantenga durante todo el juicio. Independientemente de que haya sido la mejor o la peor, debemos defenderla hasta el final, dado que si en el transcurso del litigio decidimos sustituirla o modificarla, será en detrimento del caso, pues el juez se habrá dado cuenta de que el abogado no conoce el asunto a fondo. Imaginemos que el abogado defensor ha decidido que su estrategia será probar que su cliente no se encontraba en el lugar de los hechos el día que ocurrió el homicidio; ésta será su teoría del caso y tendrá que desarrollarla durante el juicio; sin embargo, durante el argumento de apertura asentó lo siguiente: “Esta defensa pondrá de manifiesto durante el juicio que mi defendido no se hallaba en Querétaro el día en que el pasivo fue agredido con un arma de fuego y perdió la vida; sin embargo, si la fiscalía logra probar que mi cliente estuvo en Querétaro el día de los hechos, esta defensa probará que mi cliente no estuvo en el bar donde el pasivo perdió la vida. Y suponiendo que la fiscalía pruebe que mi cliente estuvo en el bar donde el hoy occiso perdió la vida, esta defensa probará que mi cliente no portaba ningún tipo de arma, y para el caso de que la fiscalía logre establecer que mi cliente portaba un arma de fuego, nosotros probaremos que el arma de fuego no fue disparada por mi cliente. Ahora bien, para el caso de que la fiscalía probara que mi cliente disparó el arma de fuego sobre el hoy occiso, esta defensa probará que los disparos tenían como objetivo el repeler una agresión actual e inminente, y para el caso de que la fiscalía probara que los disparos no fueron en legítima defensa, esta defensa solicitará a su señoría que se imponga la pena mínima a mi cliente por considerarse primodelincuente”. En este ejemplo el abogado utilizó seis teorías del caso, lo cual lo coloca en desventaja dado que no es contundente con su línea de defensa y facilita el trabajo del fiscal al no guardar orden ni establecer con precisión cuál es su objetivo. En consecuencia, es clara la importancia que tiene decidir correctamente sobre la línea de defensa o de acusación que se empleará en el juicio, dado que sólo se podrá poner en marcha una sola estrategia. Finalmente, es necesario precisar que las herramientas con que cuenta el abogado para mostrar y probar su teoría del caso frente al juez, no son otras que los argumentos de apertura y cierre y los interrogatorios, los cuales deberán ser planeados de tal manera que den cuerpo a la estrategia que sustenta la teoría del caso. Estos elementos son los que nos permitirán elaborar una teoría del caso efectiva para mostrar al juez que el derecho le asiste a nuestra parte. Es aquí donde se inicia el trabajo técnico-jurídico que nos permitirá transmitir a la autoridad jurisdiccional la idea que hemos acogido para sustentar nuestra teoría del caso. NOTAS Véase Lubet Steven, Modern Trial Advocacy. Analysis and Practice, 3ª ed., National Institute for Trial Advocacy, 1993 (2004), p. 8. 2 Véase Read D. Shane, Winning at Trial, National Institute for Trial Advocacy, 2007, p. 78. 3 Véase Thomas Mauet, Trial Techniques, Aspen Publishers, 2007, p. 490. 4 Ibid., p. 492. 5 Véase Lubet Steven, op. cit. 6 Ibid., p. 9. 7 Idem. 8 Idem.

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